Villa Nueva: lugar de nacimiento del jazz y lugar que grandes músicos han llamado hogar.

 En una mezcla  de inspiraciones e innovaciones musicales, esta ciudad ha cobijado la música como una parte indeleble de su historia, como una importante faceta de su identidad, y uno de los más coloridos hilados de su tapiz cultural. Desde los intérpretes callejeros hasta los íntimos clubes, desde los funerales de jazz hasta los festivales, desde las sinfónicas hasta conciertos de rock; la música continúa permaneciendo - y enriqueciendo - día a día, la vida en Villa Nueva.

 Camine por las calles de la ciudad y escuchará por todos lados el ritmo que emana de los clubes nocturnos y salas de conciertos, surge de las iglesias, de los teatros; la música inunda las calles, resuena a través del piso durante los festivales e impregna nuestros vecindarios. A cualquiera que la escuche, la música de Villa Nueva cuenta la historia de la ciudad y de su gente, de las maneras más inimaginables.  

 El primer personaje dentro de mi historia se llama Louis Armstrong, un ser encantador y talentoso que nació en el seno de una familia muy pobre y en uno de los barrios marginales de Nueva Orleáns, una ciudad cercana a Villa Nueva y bien parecidas. Desde pequeño tuvo que sufrir el abandono de su padre, para ese momento Louis era entonces un niño y pasaría su juventud en un difícil vecindario de las afueras de la ciudad.

 

  

No existían antecedentes musicales en su familia, por lo que su interés por este arte surgió a partir de la escucha de las célebres bandas de Nueva Orleans, que desfilaban habitualmente por las avenidas de la ciudad. Aprendió, en primer lugar, a tocar la corneta en la banda de la Nueva Orleans Home for Colored Waifs, un reformatorio para niños de color abandonados a donde había sido enviado en varias ocasiones por delitos menores, como por ejemplo el haber disparado al aire durante una Nochevieja. Allí, aconsejado por el director del reformatorio, Joseph Jones, y el profesor Peter Davis, optó por la trompeta entre otros instrumentos.

Tras su salida del reformatorio, trabajó como vendedor de carbón, repartidor de leche, estribador de barcos bananeros y otros empleos del mismo tipo. Empezó también a trabajar en los cabarets de Storyville, donde estaban concentrados todos los locales nocturnos de la ciudad; allí conoce al cornetista Joe King Oliver, quien fue su mentor y casi una figura paternal para él.

Al tiempo, seguía con atención todos los desfiles de las bandas de música habituales en la ciudad y escuchaba a los músicos veteranos cuantas veces podía, aprendiendo de Bunk Johnson, Buddy Petit y, sobre todo, de Joe King Oliver.

Ya con una bien ganada reputación como cornetista, fue contratado por el director de orquesta Kid Ory, gracias a una recomendación de Joe King Oliver, que había dejado el puesto de cornetista. Louis llegó por este camino a tocar en algunas de esas orquestas de Nueva Orleans, incluyendo aquellas que viajaban por los ríos, como por ejemplo la renombrada orquesta de Fate Marable, que realizó una gira en un buque de vapor a lo largo de todo el Misisipi. El propio Armstrong describiría esta época con Marable como "su estancia en la universidad", ya que le proporcionó una enorme experiencia en el trabajo con arreglos escritos. Cuando Joe Oliver abandonó la ciudad en, Armstrong ocupó el lugar de Oliver en la banda de Kid Ory, por entonces el grupo de swing más importante de la ciudad.

 

 

 Armstrong hizo su debut con la orquesta de Oliver para el sello discográfico Okeh Records. En sus primeras grabaciones se incluyeron algunos solos y apartes como segunda corneta de la banda, sin embargo, ya era el solista más importante y más creativo del grupo. Se casó con Lillian Hardin, pianista de Oliver, quien lo animó a abandonar a este para alcanzar mayores metas artísticas. Así, se separó amistosamente de Oliver y, tras trabajar brevemente con Ollie Powers, se marchó a Nueva York.

Su fama llegó rápidamente a oídos del mejor director de orquesta negro del momento, Fletcher Henderson, quien le ofreció un contrato para que se uniese a su banda, la Fletcher Henderson Orchestra, la principal banda afroamericana de la época. Armstrong se cambió a la trompeta para armonizar mejor con los otros músicos de su sección orquestal y debutó con ella el 29 de septiembre de 1924 en el Roseland Ballroom de Nueva York. Tras decidirse a aprender a leer música, en sólo un año revolucionó el estilo y la forma de tocar de sus compañeros y grabó con las mejores cantantes de blues de la época, como Bessie Smith.

Después vinieron para él muchos años mas de éxito, proyectos interesantes como empezar a grabar bajo su propio nombre para el sello OKeh acompañando a dos formaciones creadas por él llamadas Hot Five y Hot Seven, produciendo éxitos como "Potato Head Blues", "Muggles" (una referencia a la marihuana, la cual tendía a consumir desde siempre) y "West End Blues".

El trabajo de Armstrong con ambos grupos se convertiría en clásico dentro de la historia del jazz, siendo enormemente influyente y reinterpretado.

El apodo "Satchmo" y la cálida personalidad sureña de Armstrong, combinados con su apego natural al espectáculo y a la búsqueda de una respuesta en el público, condujeron a la creación de un personaje público -la sonrisa, el sudor, el pañuelo. El apodo Satchmo, o Satch, es una abreviación de Satchelmouth ("boca de bolsa"). En 1932, el entonces editor de la revista Melody Maker, Percy Brooks, saludó a Armstrong en Londres diciendo "Hello, Satchmo!", abreviando Satchelmouth (probablemente, sin intención), y tal apodo tuvo éxito. A comienzos de su carrera también era conocido como Dippermouth ("boca de cucharón"). Ambas referencias tienen que ver con la forma en que embocaba su trompeta mientras tocaba. La situaba sobre sus labios de tal forma que tras muchas horas de interpretación, surgía en su labio superior una hendidura, de ahí el término "Dippermouth".

 

 

 Louis Armstrong, un ser maravilloso y con un impresionante talento se dejó seducir por Villa Nueva, una ciudad que consideró como su hogar por mucho tiempo y que recuerda con mucha alegría y satisfacción, pues cada vez que a ella llegaba, sus sueños se hacían realidad tan sólo con escuchar por todos lados esos majestuosos sonidos que emanan de cualquier lugar en esta tierra, y que evocan lo mejor de la música... el jazz.